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jueves, 19 de junio de 2008

Centroamérica alarmada por aparición de grupos de «limpieza social»

La aparición de grupos de "limpieza social" en Guatemala, Honduras y El Salvador, que se encargan de ejecutar a presuntos pandilleros y delincuentes, ha encendido las alarmas de los grupos de derechos humanos en la región centroamericana
TEGUCIGALPA/
AFP
En la región "operan grupos de exterminio para matar a los jóvenes", y si bien "no identificamos en estos escuadrones de la muerte a policías o militares, hay quienes dicen que sí" participan, afirmó el director de la ONG Casa Alianza para Honduras, Manuel Capellín, a la AFP.Casa Alianza, que tiene su sede en Nueva York y que dispone de albergues para la rehabilitación de jóvenes infractores en América Central, señala que en Honduras han sido ejecutados 3.300 menores de 23 años desde 1998.Pero la organización aclara que los asesinatos se dan no sólo por los grupos de exterminio sino por parientes de víctimas, autoridades en algunos casos y por la encarnizada lucha que protagonizan las numerosas pandillas Mara 18 (M-18) y Mara Salvatrucha (MS-13) que en Honduras podrían tener hasta 100.000 miembros."En este gobierno (de Manuel Zelaya, que asumió el 27 de enero) ya llevamos 320 asesinatos, es decir, un promedio de 40 por mes y en el gobierno de Ricardo Maduro (2002-2006) murieron 1.974 jóvenes, 42 por mes", detalló Capellín.Según éste, algunos de los crímenes son cometidos por grupos de exterminio por el patrón que utilizan: "Aparecen los cadáveres de dos o tres jóvenes ejecutados, amarrados de las manos, y con el tiro de gracia en la cabeza".El dirigente humanitario destacó que "lo mismo está pasando en Guatemala y El Salvador, (los grupos utilizan) los mismos de tipos de armas, vehículos y las ejecuciones son en grupo".En El Salvador, el alcalde de la ciudad salvadoreña de San Miguel (este), Wilfredo Salgado, denunció recientemente la aparición de al menos dos grupos de exterminio --autodenominados "La sombra negra" y "Comando Maximiliano Hernández Martínez"-- que han exigido a miembros de pandillas y bandas de delincuentes comunes y extorsionistas que "abandonen" esa localidad so pena de eliminarlos.Aunque no hay constancia de que en los grupos de exterminio paraticipan policías y militares, muchos opinan que sí.La jefa de Asuntos Internos de la Policía Preventiva salvadoreña, María Borjas, fue separada del cargo en enero de 2003 por protestar por el despido, por los superiores, de sus asistentes que investigaban escuadrones de la muerte de la policía.Borjas aseguró a la AFP que en San Pedro Sula, norte del país, operaba un escuadrón de la muerte que se autoidentificaba como "Los Magníficos", integrado por 20 equipos de cinco miembros cada uno.Dichos escuadrones habrían liquidado a supuestos delincuentes, incluyendo a jóvenes de las pandillas MS-13 y M-18.Las ejecuciones "son una política de Estado porque es más fácil, en el pensamiento de ellos (los gobernantes) eliminar a estas personas que establecer programas de rehabilitación que son costosos y requieren bastante tiempo", subrayó Borjas.El defensor de derechos humanos guatemalteco Miguel Angel Albizures asegura por su parte que "existe un plan premeditado en el que participan fuerzas de seguridad", sobre todo, "porque no hay persecución judicial" contra los autores de esta nueva forma de limpieza social."No creemos que haya participación del Estado, pero hay participación de elementos" del Estado, aseguró a la AFP.Itsmania Pineda, una activista humanitaria que dirige una ONG que rescata a jóvenes de las pandillas --Xibalbá, Arte y Cultura--, sostiene que los grupos de exterminio son miembros de la policía porque los vehículos que utilizan pertenecen a esa institución.La ineficacia de los sistemas judiciales -la inmensa mayoría de los crímenes no son investigados- y las políticas de mano dura y mano super dura contra las pandillas o maras está haciendo que muchos prefieran tomarse la justicia por su mano, denuncian los defensores de derechos humanos.

Pandillas ponen en jaque seguridad en Centroamérica





(IAR-Noticias) 16-Dic-05

Nacieron para defender el barrio, pero evolucionaron hasta penetrar el crimen organizado.

Por Marcos Alemán - Associated Press

Por sus vínculos con el tráfico de drogas, indocumentados y armas, las pandillas han puesto en jaque a Centroamérica y disparado las alarmas de las fuerzas de seguridad fuera de la región.
El peligro de las pandillas, conocidas como maras, estriba en "el terror que infunden, los niveles de organización que han alcanzado, el dominio territorial que ejercen y lo más grave de todo, el sentimiento de impunidad que como grupo tienen", dijo en entrevista a la AP el viceministro de Seguridad Pública de El Salvador, Rodrigo Avila.
El fenómeno es tan grave, que la Organización de Estados Americanos (OEA) comenzó a interesarse en el asunto y agentes del FBI se instalarán el próximo año en El Salvador para identificar a las estructuras de las pandillas y sus movimientos transnacionales, pues temen que estos grupos, que ya controlan rutas de inmigrantes, ayuden a terroristas a entrar a su país desde México.
Avila dijo que el nivel de organización es tal que "ya igual que los Boys Scouts, han hecho campos, convenciones, seminarios".
Informes estadounidenses indican que pandilleros de la Mara Salvatrucha se reunieron en Bloomery, en Virginia, y mientras sus mujeres preparan el picnic y los niños jugaban, los hombres se congregaron "para hablar de negocios".
Según estimaciones policiales, en Centroamérica existen unos 100.000 pandilleros, en su mayoría miembros de la MS y la Mara 18 (M18), considerados los grupos más violentos de la región.
Para amedrentar a la población, las pandillas han realizado macabros asesinatos y frecuentemente aparecen cuerpos mutilados. En Honduras un niño pandillero de 13 años fue acusado de asesinar a un agente de la DEA y señalado como responsable de otros 16 asesinatos.
El presidente guatemalteco Oscar Berger responsabilizó a las pandillas del 80% de los crímenes violentos que ocurren en ese país.
Avila advirtió que si las pandillas continúan evolucionando "lo que va a haber es una guerra en Centroamérica, en la que la sociedad va a tener que pelear contra las pandillas y es posible que aquí en años, si seguimos así, las pandillas van a tener representación en los congresos de Centroamérica".
Según Istmania Pineda, directora en Honduras del grupo no gubernamental Xibalbá que trabaja con niños para evitar que se conviertan en pandilleros, los "mareros" han cambiado y la nueva generación sobrevive "con mejores armas e inteligencia a las embestidas estatales". Trabajan con "el apoyo financiero del crimen organizado y el narcotráfico", afirmó.
El sociólogo de la Universidad Católica Centroamericana (UCA), Miguel Cruz, sostiene que las pandillas se transformaron tanto en respuesta a los planes represivos de los gobiernos que ahora "controlan las fronteras, el famoso tren de la muerte en México, rutas de indocumentados".
Afirmó que la transformación de las pandillas es una respuesta a los "planes represivos" de los gobiernos de Centroamérica y Estados Unidos y ahora son un problema más grave.
Según Cruz, las pandillas comienzan a organizarse cuando los capturan y los ponen juntos en una misma cárcel, donde establecen vínculos y arman alianzas.
Explicó que en un principio el crimen organizado comenzó a usar a las pandillas "como sicarios, soldados", pero luego las maras se dieron cuenta que tienen más fuerza y empezaron a disputarle al mismo crimen organizado el mercado de la droga.
"Las pandillas pasaron de ocupar las calles y pedir coras (moneda de 25 centavos de dólar)", a ordenar toques de queda en sus barrios y extorsionar a comerciantes y empresarios."En la práctica las pandillas son ahora un poder fáctico... que básicamente tienen la capacidad de desafiar al Estado".
Avila coincidió y afirmó que las maras "tienen poder territorial, social, hasta económico, solo les falta el político nada más".
Las bandas nacieron en Los Angeles, formadas por jóvenes inmigrantes salvadoreños que se mudaron a California para escapar de las guerra civil en Centroamérica en los años 80.
Comenzaron a ser deportados de Estados Unidos y se extendieron en todo Centroamérica en la década de 1990. Muchos de ellos no conocían la tierra de sus padres y hablaban poco español. No se adaptaron y ante las medidas enérgicas en su contra han comenzado a regresar a Estados Unidos.

Reporte del istmo

Analistas cuestionan la creación de unidad móvil antiterrorista
AFP

SAN SALVADOR.- La fuerza móvil de combate al terrorismo que pretende crear Centroamérica es “una necesidad creada” por Estados Unidos y sus “intereses de seguridad, que no responde ni soluciona los problemas de seguridad pública de la región”, estimaron analistas. “Hay que ver quién define el terrorismo, qué fuerzas intervienen en la prevención. Ése es un problema de Estados Unidos, no negamos la necesidad de todo Estado de tener prevención en el tema de terrorismo, pero eso es una cosa, y es muy distinto a que los estados respondan a la agenda y prioridad que otro país le esté dando y eso preocupa”, aseguró a la AFP el analista Jaime Martínez. Martínez, director del Centro de Estudios Penales de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (Fespad), recordó que el discurso de Estados Unidos para el combate al terrorismo “tiene concepciones y enfoques” que, en muchos casos, “va más allá de lo que nuestras propias constituciones permiten”. “Para ellos (Estados Unidos) no es problema que el Ejército esté metido en temas de antiterrorismo, pero para nosotros sí que es un problema. Para América Latina en general y El Salvador, que vivió un conflicto civil en particular, es indudable que no es deseable que otra vez la Fuerza Armada esté en este tipo de labores que le corresponde a la Policía”, remarcó Martínez. Los presidentes de Centroamérica analizaron, en dos cumbres en Tegucigalpa, Honduras, el miércoles y el jueves la creación de una fuerza móvil de combate al “terrorismo”, al que han asimilado a grupos de pandillas juveniles que se han convertido en el principal problema de seguridad pública en varias naciones del istmo como El Salvador, Honduras y Guatemala. En tanto, el politólogo Napoleón Campos, señaló que “no es de extrañar” que los países centroamericanos deseen promover la creación de la fuerza móvil de combate al terrorismo, puesto que ello “va en consonancia” con la idea de Estados Unidos de atacar ese mal. “No es extraño, pero sí preocupante, no sería la primera vez que Centroamérica haga algo para estar bien con Estados Unidos, pero no sé qué pueda haber detrás de todo esto, no creo conveniente enfocar un problema de seguridad pública (las pandillas) como un aspecto de terrorismo, son cosas distintas”, señaló Campos. “Estados Unidos tiene tres grandes prioridades, lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el tráfico de personas, bueno, serán las prioridades de ellos, pero no las nuestras, pero no al punto tal de que estos países se embarquen en algo que no abona en nada a los problemas de seguridad pública”, recordó Martínez. “ES NECESARIA” Sin embargo, y pese a las críticas, hay quienes consideran la idea de una fuerza antiterrorista regional como algo “necesario en prevención de cualquier problema de este tipo”. “La idea es aceptable, nuestro ejército es profesional y está capacitado para integrar un grupo así, el terrorismo es un mal que no distingue países, y esperamos que el enfoque de su creación sea ése precisamente”, aseguró el coronel retirado salvadoreño y actual diputado del derechista Partido de Conciliación Nacional (PCN), Miguel Bennet. La integración de la fuerza móvil —cuya organización fue establecida en reuniones de los jefes militares de la región agrupados en la Conferencia de Fuerzas Armadas de Centroamérica (CFAC)—, se acordó en la pasada cumbre de presidentes del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), celebrada el 1 de abril en Tegucigalpa. Los militares acordaron que primero funcionará una unidad individual en cada uno de los países, con logística suficiente para movilizarse con rapidez, sobre todo por vía aérea, y después, al reformarse las leyes, en cada una de las naciones, actuaría en forma conjunta. “Homeland Security es una estrategia del Pentágono, apoyado por el Comando Sur, que habla de combatir a las pandillas porque las vinculan con Al Qaeda”, aseguró a la AFP, Itsmania Pineda, presidenta de la no gubernamental organización de rescate de menores Xibalba Arte y Cultura, de Honduras. “En Estados Unidos se habla de pandilleros o ‘mareros’ centroamericanos, pero ‘mareros’ y pandilleros hay en Estados Unidos, más bien allá se organizaron, pero se está estigmatizando a los ciudadanos de estos países en Estados Unidos como ‘mareros’ y pandilleros”, lamentó la activista humanitaria. ABOGAN POR RESPUESTAS SOCIALES EN HONDURAS La reforma del artículo 332 del Código Penal, más conocida como Ley Antimaras, aprobada en agosto del 2003 por el Congreso hondureño y reformada en diciembre, establece hasta 30 años de cárcel para los líderes de las pandillas. El dirigente de la Central General de Trabajadores (CGT), una de las tres centrales obreras de Honduras, Daniel Durón, deploró que “los presidentes quieren atacar las efectos y no las causas de las pandillas”. “Sólo se les ofrece cárcel, pero lo que deben hacer es atacar las causas, la falta de educación, la falta de oportunidades de empleo; cuando no encuentran oportunidades los jóvenes se agrupan para delinquir y se convierten en un verdadero problemas social”, advirtió Durón. Emilio Gouboud, director de la Asociación para la Prevención del Delito (Aprede), de Guatemala, aseguró que mientras hay algunos pandilleros que quieren reinsertarse en la sociedad, cada día son más los jóvenes que por diferentes causas se integran a una pandilla con el fin de sentirse aceptados en un grupo. “Los presidentes lo que quieren es legalizar las matanzas de jóvenes pandilleros e inclusive ambientalistas a quienes aplican el artículo 332”, advirtió la coordinadora del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras, Bertha Oliva. FISCAL: NARCOS FINANCIAN A MARAS Las temibles pandillas juveniles conocidas como “maras” son el brazo armado del crimen organizado en Guatemala, pues tanto narcotraficantes como los llamados grupos paralelos las utilizan para mantener en zozobra a los ciudadanos, aseguró el miércoles el fiscal general, Juan Luis Florido. “Las maras hace dos años eran organizaciones puramente de barrio, donde se limitaban a la violencia urbana que cualquier país del mundo podría tener, y poco a poco fueron convirtiéndose en el brazo criminal del crimen organizado para mantener un estado de zozobra y caos en la población”, sostuvo Florido en rueda de prensa. De acuerdo con el funcionario, las pandillas juveniles han logrado estructurarse gracias al apoyo económico del narcotráfico, como una organización criminal, a semejanza de “la mafia en Estados Unidos”. El jefe de la sección de operaciones de la Policía Nacional Civil (PNC), Henry López, coincidió con el fiscal, al recordar los últimos hechos en los que se han visto involucrados pandilleros, que incluso trataron de incendiar una vivienda en un barrio capitalino, sólo porque unos jóvenes no se quisieron integrar al grupo. “La estructura que tienen los ‘mareros’ para cobrar el impuesto de circulación a autobuses, así como a comerciantes en diferentes áreas del país, y la adquisición de armas, hacen suponer que hay alguna organización que los está financiando”, afirmó López a la AFP. Las pandillas juveniles no están integradas sólo por ladinos (población mestiza), sino que dentro de sus filas cuentan con jóvenes de las distintas comunidades indígenas (mayoritarias en Guatemala) que llegan a la capital en busca de mejores oportunidades. Estos jóvenes luego regresan a sus comunidades y así extienden el “dominio” del grupo al que pertenecen, aseguró Florido.

LAS MARAS O PANDILLAS


Las maras, son un fenómeno ya endémico, y verdaderamente masivo. En el salvador, honduras y Guatemala.¿de donde surgieron?
De los conflictos armados de las migraciones forzadas, de la necesidad de la pobreza en los años 80, cuando el salvador se hallaba sacudido en la guerra civil, miles emigraron hacia estados unidos, muchos de ellos jóvenes sobre todo a los ángeles, y en las calles se defendían de otros grupos indocumentados, y desocupados, sobre todo los mexicanos agrupados en la llamada mexican mafia.
Así nació en el exilio la mara salvatrucha, la mas antigua y temida de todas las pandillas, que junto con la mara, que junto con la mara 18, nacida también en los ángeles suman mas de 35000 integrantes enemigas a muerte entre si, operan como lo haría un ejercito irregular, y tiene mandos clandestinos .códigos de honor, y símbolos: su héroe de guerra exhiben una pequeña lagrima tatuada en los pómulos una por cada rival que haya logrado matar. Como en las películas.
Las pandillas se extendieron muy pronto a honduras, al principio con los mismos nombres de las maras salvadoreñas, y hay ahora en el país mas de 500 grupos con unos 100,000 miembros en edades que van desde los 8-35 años. A diarios se ven envueltos en asaltos a autobuses y supermercados, extorsiones y secuestros, el trafico de drogas. Violaciones y asesinatos, desbordando, igual que en el salvador, su marco original de venganza, ajuste de cuenta y defensa de territorios. En Guatemala, el país mas violento de todo la región donde los grupos para militares siguen cobrando cuentas políticas con secuestros y asesinatos, las pandillas agrupan a 200,000 jóvenes y adolescentes, y se les adjudica el 80% de los actos delictivos.
Según las investigaciones en xibalba, para 1960 honduras era un país con 8 grupos pandilleriles, los esto peris, quienes dominaban la situación, los “black ángel”, los “blue jeans”, los “avispones”, la “uva”, ubicados en su mayoría en comayagüela, séptima avenida, barrio Morazán; calle de los parros, en el barrio el bosque, integrados por muchos lideres que hoy son honorables hombres de la sociedad hondureña.
El enfrentamiento se caracterizaba por se a puño limpio sin uso de armas, usaban vestimentas blue jeans, chumpas negras con una calavera y un clásico bucle, el
Cuello de la camisa levantado producto de la moda de ese entonces, el enfrentamiento de pandillas se caracterizaba por la confrontación, la rivalidad y el deseo de medir fuerzas.
El objetivo general era la convivencia, la unión, se caracterizaban por el use de velocímetros, manoplas, chicles en los zapatos, brazalete de antebrazo con punta, por las noches se integraban a la vida de la pandilla y durante el día a sus estudios.
Las autoridades organizadas procedieron a la persecución de estos grupos degenerándolos, e incremento a la violencia y aumento de la criminalidad, motivando a el uso de armas de fuego como: autoprotección. La violencia degenero a tal grado que se convirtió en venganza.
Los placazos (inscripciones en las paredes) era entonces los apodos que identificaban los miembros de el grupo pandilleril, los estomperis eran la pandilla mas grande, pues estaba localizada en diferentes barrios, con sus propias representatividad.
En 1985 estaban en su apogeo las pandillas de las panudas en el instituto central, este fue el primer grupo conformado solo por mujeres, las que actuaban violentamente y sin respetar a nadie. En esa misma fecha los sirypury se había apoderado de el centro de comayaguela, esta era una pandilla muy violenta y se encargaban de asaltar y violar a los estudiantes, ellos tuvieron tanto poder que ni la policía se atrevía enfrentárseles.
Hoy cada grupo mara 18 (18xv3) o mara salvatrucha (msx3) tiene sus clicas, núcleos, células, sucursales cada clica o jenga tiene un líder general y dos suplentes, un tesoro que maneja su propia flecha es decir, una clica reducida, que se identifica por su placa o seudónimo, cuando hay varios lideres con la misma placa le agregan la jenga, (propio del barrio 18) en la MS es clica a la que pertenece para diferenciarse.
Antes de 1997, en honduras se presentaban 175 grupos de jóvenes, pandilleros que por la influencia musicales se dividían en cholos y rockeros, eran enemigos a muerte, la lucha por territorio estaba definida por la moda, los géneros musicales eran los que definían el territorio, los grupos se identificaban con nombres que salían en la televisión, “control machete”, “los macizos”, “los pitufos”...
En 1997 en san pedro sula se exhibe la película “sangre por sangre”, que inspiro al joven hondureño a formar la mara de los “vatos locos”, es aquí donde los grupos comienzan sus primeras acciones delictivas asociadas a la lucha por el poder y a la territorialidad.
Los vatos locos se convierten en los grupos mas temibles y el que mas problema daba a la policía. Posteriormente las carteleras cinematográficas extienden en Tegucigalpa la moda, formando los jóvenes clicas en diferentes sectores de el país, las clicas de vatos locos se identificaron con cintas especificas que representaban los guerreros con “corre nicky”, “corre” y temas musicales como “ control machete”, que le dieron empuje definitivo a los grupos a mayor pobreza hay mas posibilidades de ser victimas de marginación social, dando paso a la idea de que todos los pobres son delincuentes, la globalización ha permitido que los pobres sean mas pobres, y las oportunidades sean privilegio de unos pocos, los jóvenes que andan tatuajes estan condenados a vagar porque no son sujetos de credibilidad y nadie les da trabajo, se vuelven victimas del desprecio y del repudio de la sociedad, persecución y hostigamiento por parte de las autoridades.
En 1999 los mareros y pandilleros dijeron: “no aceptaremos muchachos que consuman inhalantes, es prohibido” , por tal razón no se les puede decir a los menores que deambulan por las calles victimas del tolueno, pandilleros, porque por su condición no son aceptados.
Los mejores pandilleros debían ser los mas malos, salir por televisión, plaquear paredes, ingresar a la mara como un castigo para los padre. Ningún joven ingresa a la fuerza sino por su propia voluntad. La mara se vuelve un sustituto de la familia.
Las mujeres ingresan a la mara por diferente razón que el hombre, en ningún momento son forzadas para entrar, por lo general son victimas de violencia domestica, de abuso sexual por parte de sus familiares, si abusan de bebidas alcohólicas son castigadas por los varones, si las ven consumiendo inhalantes, en acciones que el grupo define incorrectas como el lesbianismo, la infidelidad. Nunca comparten el mitin con los hombres. Buscan en la mara los sentimientos y emociones que no encuentran en su núcleo familiar, aceptación, respeto y la figura paterna.
El “mitin”, es la reunión que los jóvenes del grupo hace periódicamente; cuentan con un secretario y un tesorero que cumple a cabalidad y con responsabilidad sus funciones, dentro de sus objetivos esta ayudar a los que sufren enfermedades, a los familiares que mueren, a los presos.
Quedan, en síntesis, tres grupos pandilleriles de los cales xibalba tienen acceso 585 barrios y colonias, pero sus clicas ascienden a mas de 1500 en el distrito central hay colonias muy grandes que pueden tener hasta 30 clicas especialmente cuando se trata de colonias lotificadas en bloques.
La moda de los tatuajes consiste en que cada uno expresa una historia, por ejemplo: los seres queridos que han muerto, los amores frustrados, los momentos mas dolorosos o mas felices o hechos que han sido de mucho valor, el barrio, los hijos, los amigos.
Para los 18 el tatuaje principal era 3 puntos en forma de pirámide. Para la MS eran 3 puntos en forma invertida, representan “a vida loca de la juventud”, mujeres, dinero, vicios. Por lo que no se puede decir que todos los tatuajes que los jóvenes se hacen son muestra de satanismo, o crímenes.
A los 15 años el joven hondureño metido en grupo pandilleriles sabe que no tiene otra salida más que la muerte o la cárcel, por eso ellos pierden la esperanza, no tienen mas, no hay otra alternativa. Es aquí cuando les da lo mismo rayarse la cara, marcarse los tatuajes en el rostro, buscan el peligro como deseando encontrar la muerte, muchos no tienen la suerte de que alguien les hable con amor y menos que les hablen de Dios, para ellos es mejor morir que estar vivos e ignorados por muchos que se creen honestos. Para los jóvenes involucrados en pandillas y maras no hay clases sociales, diferencia de ninguna clase, de raza o religión, saben que el único que salva es Dios, no las religiones, mantiene entre ellos el respeto representado por un líder máximo que regula sus acciones.
El problema de pandillas es propio de cada país, solamente la moda es exportada, el calo, el graffiti, se incrementan ante la ausencia de centros donde permitan a le joven su desarrollo integral, dando a conocer sus habilidades artísticas, producto de la ausencia de Dios, de la injusticia social y de la influencia negativa de los medios de comunicación.
Las pandillas y maras son un problema cultural, que solo se resuelve a través de el trabajo de prevención con participación, generando en el joven y la sociedad respuestas positivas para resistir el problema de drogas y violencia, dándole un espacio en la sociedad, haciéndolo sentirse orgulloso de ser hondureño, regresándolo al entorno social del cual una vez formo parte, experimentando el milagro de la integración que en síntesis es la unión de la juventud hondureña sin distinciones de ninguna clase.
Simultanea en cinco barrios populosos del sur de Tegucigalpa, con la participación de policías o soldados, apoyados por helicópteros militares.
En honduras operan unos 500 grupos violentos de la “salvatrucha” y “mara18”, que aglutinan 100,000 miembros cuyas edades oscilan entre los 8-35 años.
Por ahora, en Guatemala es el partido de avanzada nacional y al alianza nueva nación quienes preparan por separado, la que podría ser “la ley antimaras” guatemalteca, proyectos que podrían ser presentados en el pleno en los próximos días.
La problemática de las pandillas juveniles incrementando en los últimos días, y a provocado la saturación de los centros preventivos para recluirlos tras las operaciones efectuadas por la PNC.
Las pandillas juveniles o “maras”, el fenómeno que caracteriza a la delincuencia en Guatemala en los países de América latina, ha tenido sus influencias originales en estados unidos, y estos en los gángster de hace décadas.
La peculiaridad que posee estos grupos son la “solidaridad” y la defensa de un “ideal” transformado en las zonas donde viven. Centran sus objetivos de defensa a los que ellos consideran su “barrio” un pandillero en solitario no puede operar, necesita de su demás conglomerados para sentirse con el poder necesario y defender su territorio.
Sus zonas de operación se centran en las diversas fronteras que han dibujado en conjunto sectorizado de la misma pandilla.
La mayor concentración de pandillas se ubica, según fuentes de la policía nacional civil (PNC), en la zona 18, zona 6, el mezquital, el milagro. 1° de julio, la verbena y zona 5.
Los grupos se identifican con un vestuario distintivo que hace una referencia de su pertenencia. Cada marero sabe distinguir a otro, a que grupo pertenece y por consiguiente si es o no un enemigo, el tipo de peinado y los tatuajes que portan son también parte de su identificación.
Su linaje tiene varias denominaciones, así se puede encontrar que en las pinturas (graffiti) que realizan en su “territorio” van adquiriendo diversos nombres.
Eso, con el objeto de definir hasta donde pueden llegar los miembros de otros “vagos” e identificarse con sus superiores o “cabezas” y de “maras”.
Estos “cabezas” son particularmente reconocidas por los jóvenes y por lo tanto, estan sometidos a las ordenes que se les da.
La proliferación de estos grupos delicuenciares a llevado, incluso, a que niños estén expuestos a entrar al mundo de las pandillas.
Cada grupo tiene su forma de iniciación, yen su mayoría al aspirante se le da un mes de prueba para que valla conociendo el ambiente y la “nueva familia” a la cual pertenecer.
Seguidamente tiene que ser sometido a una sesión de golpes para comprobar su resistencia y ser apto, y tener pertenencia dentro de el grupo. Según versiones de algunos pandilleros en rehabilitación, cuando ya se esta dentro de el núcleo se le pide que cometa crímenes para comprobar su valentía y ser aceptado como miembro destacado. Los crímenes, en su mayoría, son hacia personas asignadas como algunos miembros de la pandilla opuesta

Honduras

Entra en vigor la Ley antimaras mientras Amnistía Internacional advierte de “la ejecución de niños y jóvenes por parte del Estado
Alèxia Peláez
Ricardo Maduro (Partido Nacional) llegó en el año 2000 a la presidencia de la República de Honduras con la promesa de reducir la violencia en las calles, que se habían convertido en la cuna del crimen de las bandas juveniles, más conocidas como maras. Un año después, el balance que hacía el Gobierno era positivo. Según el presidente, se consiguieron reducir los secuestros en un 42% y se capturaron a la mayor parte de los autores, los asaltos a personas disminuyeron un 26%, las agresiones a comercios un 10%, los robos de vehículos un 24% y los ataques contra instituciones bancarias un 36%. Sin embargo, las cifras continúan cortando la respiración y según declararon al diario La prensa funcionarios, ex presidentes de Honduras y organizaciones civiles –cuando se cumplía un año del Gobierno de Maduro, el 27 de enero- la caótica situación escapa también de las manos de Maduro. Y es que en los últimos cinco años, más de 1.800 jóvenes han sido asesinados, sobre todo en la capital, Tegucigalpa, y en la ciudad de San Pedro Sula, en el norte del país.
En este sentido, el hecho más significativo y la respuesta más contundente del Gobierno fue el proyecto de ley enviado por el presidente al Congreso Nacional, el primer día de julio, para prohibir la existencia de las maras y penar el hecho de formar parte de alguna de ellas. En su anuncio, Maduro declaraba: “No hay nada más importante para mi Gobierno que la guerra contra la delincuencia. El Estado no puede permitir la existencia notoria y masiva de grupos cuyo único propósito es cometer crímenes contra el pueblo hondureño”. El 7 de agosto el Parlamento aprobó una reforma del Código Penal y el 15 de agosto entraba, definitivamente, en vigor la Ley Antimaras. Con esta nueva ley se condena hasta a doce años de prisión “a los cabecillas de las maras que se asocien con el objetivo permanente de ejecutar cualquier acto constitutivo de delito”, según el artículo 332 del Código Penal. Con tal de esclarecer cuáles son los grupos violentos, la ley apunta que son aquéllos que “se destaquen o se identifiquen como tales y las decisiones de los cuales influyan en el ánimo y acciones del grupo”. A aquellos integrantes de las pandillas que no sean los cabecillas se les rebajará “un tercio” la pena. Además de la prisión también se les podrá imponer una multa de hasta 12.000 dólares. Con todo, la polémica de esta ley estaba garantizada. ONG y grupos de defensa de los derechos humanos de Honduras e internacionales demostraron un claro rechazo a la reforma del Código Penal ya que, según manifestaron, no respeta el derecho a la presunción de inocencia de los detenidos. Esta disconformidad se materializó el 22 de septiembre cuando la organización COFADEH (Comité de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Honduras) presentó un recurso de inconstitucionalidad en el Tribunal Supremo del país. En cuanto a los 1.800 jóvenes muertos entre el 1998 y el 2002, Amnistía Internacional (AI) en sus informes resaltaba el elevado número de casos (un 22%) en que se ha informado de la participación en las muertes de las fuerzas de seguridad que actúan con el consentimiento implícito de las autoridades. Una parte de esos crímenes, un 13%, ha ocurrido dentro del contexto de lucha contra las maras. AI denuncia “la ejecución de niños y jóvenes en manos de agentes del Estado o de individuos no identificados, en circunstancias que hacen pensar en una campaña de limpieza social”. Por otro lado, AI critica la vulnerabilidad de los derechos y libertades de las personas con la aplicación de la ley y se muestra preocupada porque “detrás de los homicidios se escondan motivaciones sociales o económicas, y que los asesinatos y ejecuciones extrajudiciales sean vistos por algunos sectores de la población como la solución al problema de la inseguridad pública”. Las cifras apuntan hacia un total de 40.000 mareros en Honduras y las maras más importantes son La Mara 18 y Salvatrucha. También existen, según fuentes oficiales, un gran número de personas hacinadas en las cárceles. El debate sobre la Ley Antimaras apuntó, más allá de la vulneración de los derechos individuales y de una posible detención aleatoria de jóvenes que, con la ley, los mareros –víctimas de la pobreza y la dificultad de salir de la pandilla una vez se ha entrado- son detenidos pero no reinsertados. De esta forma se expresaba un integrante de una de estas maras. “Si nos dan una oportunidad tendremos un futuro, si la sociedad no nos critica y nos brinda su ayuda”. Por eso el Gobierno consideró la opción de construir centros educativos para su rehabilitación. Un claro ejemplo de la violencia en las calles de Honduras tuvo lugar el 31 de agosto. Fue entonces cuando, en menos de una hora, integrantes de las maras asesinaron a un total de once personas en diferentes puntos de la ciudad de San Pedro Sula. Poco después, el 5 de septiembre, en lo que fue considerado un gesto histórico sin precedentes, La Mara 18 leyó un comunicado donde se desvinculaba de los hechos y pedía perdón por su comportamiento, al mismo tiempo que apostaba por la paz.
Los asesinatos del 31 de agosto hicieron evidente la elevada violencia de estos grupos, que cometen tanto asaltos como homicidios o trafico de drogas. Para combatir la dramática situación –que habla de unos 60 homicidios por cada 10.000 habitantes en Honduras y 100 homicidios por cada 100.000 habitantes en la zona de San Pedro Sula- el BID (Banco Internacional de Desarrollo) aprobó,
el 12 de septiembre, un préstamo de veinte millones de dólares en el programa de paz en el Valle de Sula, la zona más industrializada del país, con un 55% del PNB (Producto Nacional Bruto). Esta iniciativa propone un trabajo de prevención social y reinserción de jóvenes mareros.
Cronología año 2003

18 de enero. Zonas enteras de la ciudad de San Pedro Sula en manos de las pandillas o maras.
20 de enero. El presidente –Ricardo Maduro- pide a Bush que conceda la residencia permanente a unos 82.000 hondureños que viven en EEUU y que en estos momentos se encuentran bajo la condición de Estatus de Protección Temporal (TPS). La vigencia de este estatus –prorrogado por EEUU por tercera vez el año pasado- se termina en mayo del 2004
27 de enero.
El primer año de Maduro sigue con violencia juvenil en las calles de Honduras.
8 de febrero. El presidente y el secretario adjunto para asuntos del hemisferio occidental, Daniel W. Fisk, hablan sobre el TLC después de la incertidumbre creada con la vigencia del arancel del 35% impuesto por Nicaragua a los productos hondureños
12 de febrero.
Honduras posterga las represalias contra Nicaragua por la posible derogación del impuesto
4 de marzo. Honduras da un ultimátum a Nicaragua sobre el tema de los impuestos
11 de marzo. Nicaragua suspende la aplicación del arancel
12 de marzo. Banco Central de Desarrollo presta 20 millones de dólares para un programa de paz en el Valle de Sula
3 de mayo. EEUU aprueba la extensión del Estatus de Protección Temporal 18 meses más
18 de mayo. Más de 1.800 jóvenes han estado asesinados en los últimos cinco años, en la capital y en la ciudad del norte, San Pedro Sula. Los cuerpos de los jóvenes son encontrados en las calles casi a diario.
1 de julio. El presidente envía al Congreso Nacional un proyecto de ley para prohibir las maras y penar el hecho de pertenecer a ellas, ya que perjudican a la juventud y aterrorizan al pueblo.
12 de julio. Miembros de las comisiones de Honduras y El Salvador avanzan para cumplir los mandatos de La Haya, que determinó la ubicación exacta de la frontera entre Honduras y El Salvador
7 de agosto. Parlamento aprueba reforma del Código Penal15 de agosto. Entra en vigor la ley antimaras
31 de agosto. Integrantes de las maras matan, en menos de una hora, a 11 personas en distintos puntos de la ciudad de San Pedro Sula
5 de septiembre. Mara 18 pide una tregua ante la prensa, en una acción histórica. Por primera vez expresaron su opinión sobre los últimos acontecimientos violentos y leyeron un comunicado donde negaban su participación en estos actos. Asimismo, en el comunicado pedían perdón por su comportamiento y abogaban por la paz
6 de septiembre. El presidente promete ayudar a los jóvenes mareros que decidan renunciar, ofreciéndoles ayudas del Estado

Mareros huyen de Honduras

AP

TEGUCIGALPA.- Centenares de pandilleros juveniles o mareros han huido a Centroamérica por ser perseguidos en Honduras, dijo el miércoles el ministro de Seguridad, Oscar Álvarez. “Ahora detenemos pocos mareros en los operativos que hacemos a los barrios y colonias de las ciudades del país’’, añadió Álvarez en rueda de prensa. “Y eso es porque muchísimos mareros se han refugiado en otras naciones de Centroamérica’’. Informó que “los crímenes y las muertes violentas han disminuido en más de 30% en Honduras porque hemos cerrado los espacios a los mareros y porque ellos se han ido del territorio nacional y ahora están en otros países’’. Álvarez elogió al Congreso por aprobar en agosto la denominada Ley Antimaras, que prohibió las actividades de los pandilleros en Honduras y los castiga con penas de 9 a 12 años en prisión y una multa de hasta 12,000 dólares. Esa norma, además, califica de “empresas criminales’’ a las pandillas. Los mareros son ejércitos de jóvenes que se rigen desde 1980 por códigos especiales de vestir, lenguaje y tatuajes. Se organizan y arman con el único fin de delinquir. El presidente Ricardo Maduro encabeza casi todos los operativos diarios de la Policía y el Ejército para capturar a los líderes de las maras o pandillas, que mantienen aterrorizada a la mayoría de los 6.6 millones de hondureños. Hasta ahora han sido detenidos unos 700 mareros, entre ellos 220 cabecillas. Las autoridades atribuyen a los mareros alrededor de 200 asesinatos de adolescentes al mes. Algunos actúan con saña y violencia nunca vistas, como decapitar a sus víctimas y distribuir las partes de sus cuerpos en distintos sitios de las ciudades. Ellos también roban y atacan sexualmente a mujeres bajo efectos de la marihuana y cocaína, que consumen y venden. Armados con fuusiles rusos AK-47, los mareros han controlado barrios populosos de las principales ciudades, donde no llega la Policía. CIFRAS 500 grupos violentos operan en Honduras. 36,000 pandilleros tiene el país vecino, donde las maras Salvatrucha y La 18 son las más agresivas. 4,500 pandilleros hay en Nicaragua. EJECUCIONES DE DELINCUENTES El Gobierno investiga los asesinatos de unos 2,000 mareros registrados en cinco años en Honduras. La Policía descubre casi todos los días los cuerpos de jóvenes tirados en las calles y matorrales de las principales ciudades, ejecutados con tiros en la cabeza. VER TAMBIÉN: “No sabemos nada” Funcionarios acusados de destruir evidencias

Honduras, el país más violento por Maras


AFP
Las pandillas han convertido a Honduras en el país más violento en América Central.
AFP7 de Febrero

TEGUCIGALPA.- Honduras, que desde 1997 enfrenta una ola criminal generada por los pandilleros juveniles o "mareros", es la nación más violenta de la región, reveló un informe de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador.
70 mil jóvenes son de las Maras
La investigación también ubicó a Honduras como el segundo país más violento de América Latina, después de Colombia."Con 3 mil 123 muertes por armas de fuego en el 2004, Honduras es ahora el más violento del continente después de Colombia, donde se libra una guerra", dijo el director del Departamento de Postgrado de la UCA, Mauricio Gaborit."Eso significa que Honduras cuenta con el 45.7 por ciento de homicidios por cada 100 mil personas y Colombia el 47 por ciento, añadió. "Y esas estadísticas sitúan a Honduras por encima de El Salvador y Guatemala, que en el mismo periodo de 2004 registraron el 41 por ciento de muertes".


"La violencia causada por los mareros en Centroamérica es enorme y compleja... y es necesario adoptar acciones legales conjuntas", dijo Gaborit al inaugurar un diplomado de tres años sobre Inseguridad Social.Sus conferencias, auspiciadas por las Naciones Unidas, son dictadas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras con sede en esta capital. La UCA es administrada por la Compañía de Jesús.Cerca de 3 mil muertesSegún Gaborit, en El Salvador ocurren anualmente 2 mil 696 muertes, cuyo 93 por ciento son jóvenes de entre 15 y 17 años. El año pasado, sin embargo, hubo 1mil 200 homicidios en ese país."Una situación similar se detecta en Guatemala", aseguró. "Y las cifras de Nicaragua y Costa Ricas son más bajas". La violencia en Nicaragua y Costa Rica oscila entre el 10 y 20 por ciento anual por cada 100 mil personas. Entre las causas de la violencia , Gaborit señaló la inseguridad y la pobreza, que agobia al 71 por ciento de los 7 millones de habitantes en Honduras. "En Centroamérica ha nacido una sociedad con dos categorías sociales: la que disfruta del dinero y la que no tiene lo esencial para vivir", añadió. "Ese desequilibrio favorece la proliferación de maras (pandillas)".Indicó que "las maras son la expresión del malestar de una sociedad elitista, discriminadora y excluyente, una consecuencia de la falta de atención de los gobiernos a los problemas de la comunidad".Para Gaborit, más de 70 mil jóvenes pertenecen a las maras en Centroamérica. Unos 40 mil hay en Honduras, 14 mil en Guatemala, 10 mil en El Salvador y el resto en Nicaragua y Costa Rica."Pero el problema de la criminalidad y la violencia no es propio de Honduras o de Centroamérica, aqueja a casi todo el mundo", subrayó. En la región operan la Mara Salvatrucha y La 18, con peligrosos miembros entrenados por miles de centroamericanos que Estados Unidos deportó en nueve años, tras pertenecer a pandillas similares en Los Angeles y otras ciudades norteamericanas.

La mutación de las pandillas en Honduras: de las calles a las cárceles


Carola Mittrany 28/06/2004

30 de junio de 2004 – “Antes su campo de batalla eran las calles y mercados donde peleaban con chimbas contra sus rivales o contra la autoridad; hoy el escenario de guerra se ha trasladado a las cárceles del país”, revela una extensa serie de reportajes del diario hondureño El Heraldo. Según el informativo, adentro están los líderes y afuera están los que hoy sirven camuflados a la violencia organizada, sirviendo de “mulas” a narcos y con armas automáticas en sus manos, proveídas por el crimen organizado.

La policía sabe que paralelamente a la guerra contra las maras va el fenómeno de la mutación. “La ley Antimaras quedará estática y ellos se readecuarán porque desde la ley ya no se tatúan, no rifan el barrio con las señas, no caminan tumbados por el temor al color (a que los identifiquen), ya no se reúnen como antes, ahora las reuniones son en las cárceles”, plantea el jefe de la Unidad de Prevención de Maras, el inspector Florencio Oseguera.

“Están en un proceso de mutación, cambiaron sus estilos y formas. Se conoce el estilo pasado, pero se desconoce lo que ocurre en la actualidad”, admite.

MutaciónTras la aplicación de la Ley Antimaras la policía estimó que los mareros se aliarían con el crimen organizado, lo que recrudecería la violencia. Casi diez meses después de la vigencia de esta reforma penal, la policía confirmó su pronóstico.

Las investigaciones de la policía y de entidades que trabajan con estos jóvenes han detectado que desde la reforma penal las maras se desintegraron y están en un proceso de mutación: algunos grupos quedaron como células del crimen organizado, traficando con drogas internamente, otros pandilleros huyeron hacia Guatemala, México o Estados Unidos.
“Los líderes están presos y los ladrones que se amparaban en las pandillas están en las calles arrebatando relojes o cadenas” observa el diario. Desde las cárceles, donde yacen más de 700 integrantes, los cabecillas lideran la venta y distribución de droga, reconocen las autoridades.

“De los centros penitenciarios salen las órdenes que los de afuera deben cumplir; ‘las güilas’ (órdenes) son llevadas por los visitantes de los reos y los pandilleros de afuera están obligados a obedecer porque si desobedecen pagan con sus vidas” apunta Oseguera.Los cambios que han impulsado para esconderse de la policía son tales que ya no rifan la “pinta”, es decir que evitan hacer muecas con sus manos para identificar la pandilla. Caminan normalmente y ya no menean su cuerpo de un lado hacia otro al transitar por las calles, evitan tatuarse la piel con dibujos que identifiquen a su pandilla y se visten formalmente, agrega el inspector.
Olla de presión

La coordinadora de Xibalba, Itsmania Pineda, que trabaja en recuperar jóvenes involucrados en el mundo de las pandillas advierte que “la cantidad de pandillas ha bajado por la aplicación de la Ley Antimaras, pero por la falta de prevención, rehabilitación y oportunidad para los jóvenes ellas volverán a formarse y estallarán con violencia más grande”.

Pineda teme que las cárceles sean como una olla de presión que en cualquier momento explote en actos violentos de gran magnitud. La masacre en El Porvenir, el año pasado, donde 68 internos murieron y el reciente incendio en San Pedro Sula que cobró la vida de 103 jóvenes comprueban esta advertencia.

Condiciones infrahumanas

Un comunicado del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales advierte que estas medidas represivas “que pretenden resolver la criminalidad mediante capturas masivas, especialmente de jóvenes socialmente marginados y excluidos”, postergan la búsqueda de soluciones integrales que incluyan la prevención social de la delincuencia.

Según el Instituto, las cárceles se mantienen, mayoritariamente, en condiciones infrahumanas, agravadas por la sobrepoblación, falta de servicios básicos y otras condiciones que se convierten en violaciones sistemáticas de los derechos de las personas privadas de libertad.

El comunicado concluye instando al Estado de Honduras suprimir en forma inmediata el denominado plan “cero tolerancia”; diseñar y ejecutar programas integrales para prevenir las actividades violentas de miembros de pandillas, en coordinación con otros organismos de gobierno y de la sociedad civil, incluyendo planes específicos de contención de crímenes cometidos por miembros de pandillas, con pleno respeto a las normas y principios establecidos en las constituciones y en los tratados internacionales de derechos humanos.

De acuerdo a datos del Instituto, actualmente los pandilleros componen el 8 por ciento del total de presos del país y los programas para rehabilitarlos son casi inexistentes.

Fuentes: Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, Jóvenes Hondureños Adelante – Juntos Avancemos, El Heraldo.

Para saber más:
Incendio cobra la vida de 103 jóvenes en cárcel hondureña