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lunes, 15 de enero de 2018

La mujer hondureña y la violencia



Itsmania Platero

La sociología dice, que la familia es la base de la sociedad, pero vemos hoy, un núcleo familiar, destruido, desligado, quebrantado, por la violencia que día a día crece descontroladamente y se manifiesta en diferentes formas contra nosotras las mujeres, relatos crudos que vivimos a travez de los medios de comunicacion .

 Un hogar matricentrista, en donde la mujer es el centro de todo. Sufre los atropellos del hombre y en muchos casos enfrenta la rebeldía de los hijos. . “si el núcleo de la sociedad es la familia, tenemos que vivir con esta pobreza moral, una sociedad destruida”, con hogares desintegrados, donde la cabeza es la mujer y por consecuencia los hijos crecen solo con el apoyo de la madre completamente disgregados. Entonces de que nos asustamos si nuestro “núcleo social ya no se puede llamar familia"

En violencia doméstica e intrafamiliar, la casa de la mujer es el lugar donde se protagoniza la mayoría de las agresiones, incluyendo los casos en los que las mujeres no estaban viviendo con el agresor. La vivienda es el escenario privilegiado de las relaciones familiares y de pareja, donde el agresor actúa con mayor libertad y las mujeres, adultas, jóvenes o niñas, se encuentran más indefensas.

. Las mujeres son  atacadas en lugares públicos, lo que refleja la impunidad de estas acciones violentas y la legitimidad social prevaleciente. Los delitos contra la libertad sexual y la honestidad (violación y tentativa de violación así como rapto y estupro) también han crecido.

 Llama la atención el alto número de hombres privados de libertad por este delito, que constituye el 4° motivo de encarcelamiento o reclusión. Es una forma delictiva que despierta gran relevancia dentro de los hechos noticiosos sin descontar la angustia que produce en la familia, la comunidad y el pánico generalizado en toda la sociedad. Para muchos es fruto de la pobreza de la corrupción e impunidad  que galopa con libertad en el país.

La proliferación en la pérdida de valores morales y espirituales en el hogar. La degradación del ser humano ,  cultura de violencia, desigualdad en el ingreso, la falta de vigencia y aplicación de algunas leyes que permitan urgentes reformas legales debido a que las existentes “resultan inadecuadas e inadaptables a la realidad delictiva actual”.

La ausencia de una adecuada política de prevención social mas la aplicación de una ineficaz estrategia de prevención y de represión, descuidan los proyectos sociales que ayudarían a contrarrestar el auge delictivo contra  las mujeres.

La legitimación del uso de la fuerza como un medio de resolución de conflictos lo convierte en un comportamiento social aceptable en ausencia de la capacidad estatal de mantener el orden social en el país. “El amarillismo y la nota roja” son la mejor arma del gobierno fabricando simulacros de justicia e integridad institucional”, normalizando la violencia familiar y el fenómeno de seguridad  como solución a los conflictos cotidianos, siendo la auto defensa la única alternativa que queda. ¡¡lo que se traduce como aumento en la criminalidad involucrando a la mujer como un nuevo perfil criminológico, en los diferentes contextos de la sociedad, sin distinción de clases sociales, falsa idea de un  Estado moderno y en la psicología social de un pueblo al borde de la rebelión o del canibalismo.

Sea la violencia natural o humana se define como “el uso o amenaza de uso, de la fuerza física o psicológica, con intención de hacer daño” (Buvinic, Morrison y Shifter,1999) y en sus varias manifestaciones (homicidio, robo, secuestro, violencia doméstica, violación sexual) . La violencia desde el punto de vista de los derechos humanos, es un mal en sí mismo. Es la pérdida de años de salud mental por parte de la población, esta absorbiendo la vida permanente del planeta, en todo momento los hombres y mujeres han  tratado de esquivarla, no aceptarla como una realidad que se mantiene latente en todos los ámbitos de la vida cotidiana como la familia misma.

La violencia es producto de nuestros propios miedos, somos hijos de ella, la practicamos y la usamos cuando lo consideramos necesario, en el hogar, la empresa, la organización social, gremial, política, de organismos de derechos humanos inclusive, donde ejercemos poder, control, autoridad aún desde las mujeres dirigentes.

Eso no quiere decir que debemos aceptarla sin ningún reparo. Hoy más que nunca las mujeres asumimos un papel más beligerante en los diferentes campos de nuestra sociedad, lo que nos hace más vulnerables ante el crimen, ante la despreocupación legislativa y el creciente aumento de la impunidad y la insolaridad social y política.

" Si hubiera más mujeres en los círculos de poder presentarían en los conflictos alternativas menos belicistas y más posibilitadoras de dialogo y entendimiento...Itsmania  platero
www.Itsmaniaplatero.com

jueves, 4 de enero de 2018

En 2017 fueron asesinados 42 trabajadores de prensa en nueve países de América Latina,j

Ernesto Carmona 

En 2017 fueron asesinados 42 trabajadores de prensa en nueve países de América Latina, incluyendo la ejecución de un youtuber de 17 años y la desaparición forzada no aclarada número 27, ambos crímenes acontecidos en México, país que registro 26 asesinatos, el 62% del total detectado por esta investigación.

Por razones desconocidas esta cifra luctuosa de América Latina y el Caribe es “reducida” a más de la mitad por las Ongs dedicadas al “negocio de la libertad de información”. De este modo, la monopólica caja de resonancia de los grandes medios del mundo entero da a conocer menos asesinatos de informadores que los realmente ocurridos en esta región donde no existe ninguna guerra. Para contrarrestar esta funesta desinformación al final se ofrece “La lista contra el olvido”, con los datos elementales, nombres completos, edades, lugares de trabajo, fecha del asesinato, circunstancias del crimen, etc., para mostrar que estas 42 víctimas fueron personas reales…que se desempeñaban como periodistas, fotógrafos, locutores, editores y oficios afines.

Según el orden alfabético de los nombres de los otros ocho países, un asesinato ocurrió en Chile (el primero en más de 30 años, aún sin aclarar), otros dos acontecieron en Colombia, uno en El Salvador, dos en Guatemala, cinco en Honduras, dos en Perú, dos en República Dominicana y uno en Venezuela, según el registro de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).

También hubo centenares de denuncias fundadas de intentos fallidos de asesinato, golpizas, espionaje telefónico del gobierno de México a los periodistas, amenazas de muerte, además de muchos otros atentados similares en diferentes países de la región, en particular México y Honduras. La muerte a manos de sicarios pagados por la corrupción de la clase política y su principal financista de hoy, el narcotráfico (sin perjuicio de otros poderosos actores del gran delito) elimina sistémicamente a periodistas libres, críticos y éticos. Esta “limpieza permanente” se efectúa en total impunidad, en complicidad con sistemas políticos envilecidos por la corrupción generalizada. Todo esto ocurre en una región del mundo donde no existe ninguna guerra y, teóricamente, reinaría una paz social con crecimiento envidiable en presuntos “países democráticos” supuestamente “emergentes” encaminados al “desarrollo”.

Bajo el denominador común de la impunidad absoluta en países que en realidad padecen bastante anomia social, los periodistas viven estresados porque cualquiera puede ser la próxima víctima, pero el atentado definitivo contra un periodista decente no es la única agresión que constantemente sufren reporteros y reporteras de medios pequeños y medianos, y corresponsales de diarios nacionales, principalmente en las provincias y estados. Los periodistas de Ciudad de México, que no parecían tan afectados por los atentados, denunciaron espionaje telefónico y computacional masivo del gobierno con tecnología israelí.

El gremio se siente impotente, pero marcha clamando justicia y protección de verdad en diferentes ciudades de México. Los periodistas no pueden formar bandas armadas para auto defenderse y preservar su derecho a la vida, asumiendo un rol que le corresponde a cualquier Estado que se precie de civilizado. En cambio, trabajan con temor y luchan silenciosamente para que la autocensura no cale hondo ni los inhiba a cambio de sus propias vidas, ante la indiferencia de los poderes reales, formales y fácticos.

Incluso, algunos diarios se cierran para preservar la vida de su personal. Otros medios prefieren ignorar la noticia de los asesinatos o desconocer la condición de periodistas y trabajadores de la información de las víctimas, sobre todo cuando se trata de indígenas, reporteros no famosos o sencillos trabajadores no mediáticos del periodismo. Las leyes de protección son ineficaces, en particular la que está vigente en México.