DERECHOS HUMANOS HONDURAS


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miércoles, 30 de julio de 2008

JUAN CARLOS MESTRE
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Señora Doña Aguas Ocaña de Maduro Primera Dama de la República de Honduras Presidencia de la República Madrid, 23 de Noviembre,2005.Distinguida Señora Doña Aguas Ocaña, respondiendo a una invitación deun grupo de escritores jóvenes Hondureños y bajo los auspicios delMinisterio de Cultura de España y su Dirección General del Libro yBibliotecas, así como de la Agencia Española de CooperaciónInternacional y el Consulado de España en Tegucigalpa, he visitado supaís entre los días 4 y 14 del presente mes. He realizado lecturas demi obra poética en diferentes centros culturales, entre otros, laBiblioteca Nacional, el Teatro Manuel Bonilla, el Salón de Cabildos,en el Centro Cultural Sampedrano, etc. ; en todas las oportunidades hetenido la inmensa satisfacción de ser acogido con una muy cordialgenerosidad, aceptando con agradecimiento la distinción de Huésped deHonor de la Corporación Municipal del distrito Central, entre lasinnombrables muestras de afecto del pueblo, los artistas y escritoresde Honduras. Imborrable en mi memoria será mientras viva laexperiencia emocionante que a través de las humildes palabras de mipoesía me ha permitido ponerme en contacto con los más dignoscorazones de su tierra, las personas que aún siguen creyendo en elvalor civilizador de la literatura como una de las más altasexpresiones de la inteligencia y la dignidad humana. Así se lo heagradecido tanto al anónimo ciudadano que escuchaba con respeto misversos, como al Sr. Ministro de Cultura que tuvo la gentileza deacompañarnos en alguno de los recitales poéticos. Durante mi viaje a Honduras he tenido la oportunidad, también, deinteriorizarme sobre la problemática de otros aspectos relativos a larealidad social del país. Invitado por organismos vinculados a laDefensa de los Derechos Humanos, que en todo momento respondieron conatención a mi interés por el tema, he podido visitar, entre otrasinstituciones penitenciarias, el Complejo Pedagógico Renaciendo deTamara, razón fundamental que motiva esta carta en la que con elmáximo respeto y apelando a su condición de Primera Dama del Paíshondureño, y la sensibilidad social que ha presidido la preocupaciónde su quehacer desde tan alta responsabilidad, le ruego me permitaexponerle. He conocido a lo largo de mi vida hechos, memorias, heridas de lahistoria, crisis civiles del pensamiento democrático; he visto
situaciones terribles y dolorosas en las que la dignidad del serhumano, primera y única alianza con que la imaginación establece suvínculo con las palabras de un porvenir más justo y próximo a losideales de la sencilla felicidad, ha sido violentada, negada,expulsada del territorio de los derechos naturales. He oído relatosestremecedores sobre el mal, he leído páginas cuya verdad solo puedeser comparada a la descripción del infierno en la tierra. He creídoque la historia, las enseñanzas del pasado, los innumerables einútiles crímenes ejecutados en nombre de las más deplorablesideologías, algún impedimento habrían de suponer para que no serepitieran en los calendarios del presente. He soñado que el derecho ala vida, el derecho sagrado a no ser violentado, torturado, a sersometido a juicio justo y no a tratos crueles, inhumanos y degradantes, era una conquista histórica de la humanidad, de lospueblos que han elegido la democracia como forma de relacionarse entresus semejantes. He sostenido la convicción moral de que en su país,Honduras, miembro de la Comunidad Internacional, pueblo honorable deuna nación respetada, la conducta y cuidado hacia la condición civilde sus ciudadanos era una lógica política, que aún en susparticularidades problemáticas, situaba el respeto a los DerechosHumanos como norte y referencia de su quehacer institucional. Señora Aguas Ocaña, créame, comprometo en estas palabras que leescribo todo mi honor y dignidad personal si falto por un instante ala verdad en cuanto le expongo. Mi visita al Complejo PedagógicoRenaciendo de Tamara ha sido un descenso a los infiernos inimaginablesdel horror. He visto a decenas de muchachos, niños, adolescentes,encerrados como alimañas en jaulas insalubres, barracones oscuros, sinventilación, enfermos, hambrientos, desesperados. He hablado conellos, me han relatado episodios que ofenderían la sensibilidad de losoídos más indiferentes, he visto las huellas de los malos tratos y latortura en sus cuerpos, he mirado sus rostros horrorizados por elmiedo, el temor a una nueva violación, a otro simulacro defusilamiento, a la siguiente paliza. He visto en las paredes de losbarracones las huellas de los disparos de fuego real realizadas comoamedrentamiento contra muchachos durante arbitrarios registrosnocturnos, he reconocido los síntomas de la enfermedad en susrostros, la enajenación mental que produce el maltrato sistemático, elgrito de auxilio de seres humanos que se saben condenados a muerte. No le estoy describiendo Señora Aguas Ocaña un barracón del campode exterminio de Auschwitz, bajo la Alemania nazi, le estoydescribiendo las condiciones de vida de decenas de muchachos recluidosen el Complejo Pedagógico Renaciendo de Tamara, Honduras, el martes 8de Noviembre del año 2005. Si la pedagogía es el arte de enseñar yeducar a los niños, si el arte es la virtud de y el buen poder y laeficacia y la habilidad para hacer alguna cosa que expresesensiblemente la condición y desarrollo de la conciencia inteligentedel ser humano, el lugar y la realidad que yo he visto y le refieroniega en conjunto esas premisas. En los módulos del ComplejoPedagógico Renaciendo de Tamara no he visto ni a un solo educador, nia ningún médico ofreciendo su cuidado a los niños enfermos, no hevisto ni un solo libro, ni una cama, ni un servicio higiénico, ni unsolo lápiz, ni una sola libreta de papel, no he visto ni una solasonrisa, no he visto a nadie que pudiera ejercer ni un solo derechociudadano. He visto hasta herirme con tal visión los ojos, hastasentir vergüenza de mi propio privilegio de persona libre, a otraspersonas no libres, encerradas en la mayoría de los casos sininculpaciones ni procesos judiciales resolutorios, amontonados comoescombros, niños en su totalidad menores de 18 años que ya no esperannada de la vida, derrotados por el olvido de su sociedad, arrojados ala intemperie, sin opción alguna de reintegrarse, sin posibilidadalguna de imaginar que el mundo es otra cosa que su precaria e ínfimarealidad: un barracón cegado al mundo exterior sin otro horizonte quela lenta desaparición en silencio hasta la extenuación de sus cortasvidas. Señora Aguas Ocaña, he abandonado ese ?Complejo Pedagógico? con lacerteza de abandonar un campo de exterminio. No podré abandonar jamásesa visión, al muchacho de 14 años que amarrado de pies y manos megritó auxilio al cruzar la última puerta del infierno, las cucarachaspor todas partes, las aguas fecales inundando el barracón dormitorio,los relatos de violaciones sexuales y tortura sistemática, loindescriptible que ofendería el propio valor de las palabras que losseres humanos han atesorado a través de las civilizaciones para darcuenta de la verdad y el misterio de su existencia. Concluyo Sra. Aguas Ocaña, ante tal situación me dirijo a usted en sucondición de esposa del SR. Presidente de la República de Honduras yque ha tenido a su cargo la preocupación y salvaguardia de losderechos de la infancia en su país, para que interceda ante cuantasinstituciones le sea posible y en virtud de los TRATADOSinternacionales suscritos por el Gobierno de Honduras, para que conurgencia, se produzca un cambio inmediato en las condiciones dereclusión de los jóvenes recluidos en el Complejo PedagógicoRenaciendo de Tamara, así como la necesidad de cambiar la ?política?de tortura, represión y exterminio de jóvenes que existe en el país. Apelo a la sensibilidad de su persona, a sus altas responsabilidadesde Estado, a su condición de compatriota española. Apelo y le ruegoque tome estas palabras como ejercicio de una sencilla responsabilidadcivil, palabras de un poeta que no tiene hoy mayor tarea ni compromisocon su trabajo que el suyo, ayudar a que los demás seres humanospuedan cumplir en dignidad la esperanza de sus propios sueños. Lavida, escribió alguna vez el dueño de las estrellas, venga siempre lasofensas de los hombres con las salvas de la primavera. No espero otracosa del futuro que la pedagogía de lo que renace. Muchas gracias por su atención Sra. Aguas Ocaña, le saluda atentamente,

Juan Carlos Mestre


"Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerteechar" José Martí

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