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sábado, 19 de noviembre de 2016

contexto, en esta ilustración de la tregua germano- británica de 1914. / ABC

“Leyendo el diario de mi abuelo, el sargento Juan Francisco Pedraza Méndez, saco esto que él escribió:
23 de Diciembre de 1932
Tan solo se escuchan algunos disparos, ya no como hace pocos días, donde los pilas intentaron sacarnos a toda costa. Es triste ver a los amigos morir. Desde Boquerón he visto a muchos amigos quedar allí con un tiro, por eso no hablo mucho con ninguno. No quiero que sean mis amigos porque después duele llorar por el amigo muerto. Sigo pensando en mi casa y en mis padres y hermanos. Dejo de escribir; tan solo quiero dormir, fueron noches en desvelo.
24 de Diciembre de 1932
Llegó una noticia. Se había firmado un alto al fuego por 24 horas por Navidad. Qué alegría en mi alma, pero tristeza en mi corazón. ¡Cómo podremos festejar la Navidad si estamos matándonos como animales, aun hasta el animal más desgraciado tiene compasión para con sus semejantes! Nos dieron el rancho con un pedazo de carne, más un paquete de cigarrillos y un puñado de coca como regalo. El comandante nos felicitó y nos dijo que descansemos porque terminadas las 24 horas comenzaríamos a realizar un ataque contra los pilas. Todos nos miramos con profunda tristeza. Del hueco de mis ojos salieron lágrimas al recordar las navidades en mi casa. Todos en la casa siempre cumplimos con ayudar a mi madre en limpiar la casa, ayudar en la cena, que siempre era un lechón que mi padre metía al horno, justo a las 12. Todos en familia comíamos, y siempre mirábamos los regalos que mi padre con sus propias manos hacía con mucho cariño para sus hijos y mi madre siempre haciendo muñecas para las hijas. Cuando recuerdo eso, maldigo la guerra que me está quitando mi juventud, pero qué puedo hacer. No puedo huir porque sería un deshonor a mi padre que peleó contra los brasileros en el acre, y siempre me decía: hijo, la patria al igual que Dios es lo primero. Bueno, mamá y papá, feliz Navidad, tan solo les puedo regalar una lágrima y que Dios les mande mis mensajes de que aún su hijo está con vida, y antes de dormir les daré mis felicitaciones al enemigo.
Me contó mi abuelo que antes de dormir un rato, él gritó ¡Feliz Navidad pilas! y de la otra trinchera se escuchó ¡Feliz Navidad bolís!”.
Esta “tregua de Navidad” fue lograda por la intervención del papa Pío XI (1857-1939). Se estaba combatiendo entonces la feroz batalla de Saavedra. Tan solo dos días después los bolivianos lanzarían el celebre ataque del 27 de diciembre de 1932. Los combates eran de lo más duros y están reflejados en las impresionantes fotográficas que tomó el médico argentino voluntario, Cap. HC Carlos de Sanctis.
Hechos similares habían ocurrido anteriormente. Se conoce como Tregua de Navidad a un breve alto el fuego no oficial que ocurrió entre el Imperio Alemán y las tropas británicas estacionadas en el frente occidental de la Primera Guerra Mundial durante la Navidad de 1914. La tregua comenzó en la víspera de la Navidad, el 24 de diciembre de 1914 cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras, luego continuaron con su celebración cantando villancicos, específicamente Stille Nacht (Noche de paz). Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés.
Ambos lados continuaron el intercambio gritando saludos de Navidad los unos a los otros. Pronto ya había llamadas a visitas en la tierra de nadie, donde pequeños regalos fueron intercambiados: whisky, cigarrillos, etc. La artillería en esa región permaneció silenciosa esa noche. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados desde detrás de las líneas y enterrados. Se condujeron ceremonias de entierro con soldados de ambos lados del conflicto llorando las pérdidas juntas y ofreciéndose su respeto.
En un entierro en la Tierra de nadie, soldados británicos y alemanes se reunieron para leer un fragmento del Salmo 23: El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce. El Señor me da nueva fuerza, me consuela, me hace perseverar. Me lleva por el buen camino, por el amor de su nombre. Aunque camine por un valle oscuro no temeré mal alguno porque Él está conmigo.
La tregua se propagó hacia otras áreas, y hay muchas historias –algunas quizá apócrifas– de partidos de fútbol entre las fuerzas enemigas. Hay cartas que confirman que el resultado de uno de esos juegos fue 3 a 2 a favor de Alemania.

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