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miércoles, 7 de enero de 2009

ADICCIÓN EN EL TRABAJO


El consumo de alcohol y drogas (ilegales o legales no recetadas) en el ámbito laboral es considerado un problema delicado y que va en aumento. Estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalan que tales sustancias están presentes en el 20% o 25% de los 250 millones de accidentes laborales producidos anualmente a nivel mundial.
En Argentina, aunque no existen estadísticas definitivas, los expertos estiman que las cifras son similares a las de Estados Unidos, donde -según la Substance Abuse and Mental Health Administration de ese país- el 8% de los trabajadores consume drogas constantemente.
La Universidad del Salvador (USAL) realizó en Argentina la Encuesta Laboral 2000, la que indicó que -sobre 8000 personas de entre 18 y 40 años- el 13,11% de la población trabajadora ha estado o está en contacto con drogas ilegales o psicofármacos que no han sido recetados por el médico y el 8,4% abusa del alcohol. Cabe señalar que las personas encuestadas han consumido drogas ilegales pero eso no significa que lo hagan sistemáticamente.
La adicción causa tres tipos de problema en la actividad laboral; en primer lugar la disminución del rendimiento debido al llamado trabajo espasmódico del alcohólico o drogadicto caracterizado por una tarea realizada a los golpes. En segundo lugar, existe menor disponibilidad o ausentismo que son frecuentes y de corta duración, generalmente después de fines de semana o días festivos. Finalmente, disminuye la seguridad, pues además de los que ocurren en el trabajo, las adicciones son responsables del 35% de accidentes en él. A pesar de que este problema no es nuevo, diversas fuentes aseguradoras de riesgos del trabajo señalan que entre sus clientes existe preocupación por el incremento del consumo de drogas ilegales y psicofármacos. Los especialistas coinciden en que existe un vacío legal en el campo de la drogadicción en el trabajo. Existe un proyecto de ley que apunta a normatizar la detección en el ámbito laboral e indica que "el uso o abuso de estupefacientes o psicotrópicos sin prescripción médica no será causal de despido justificado". Sin embargo, aunque es el único que ha contemplado tanto la prevención como el tratamiento, el documento no menciona al alcohol que es -según los médicos- el que encabeza la lista de sustancias peligrosas consumidas en el trabajo.

Hay 2,000 estancos y 300 escuelas en la “gran ciudad”

Derechos Reservados para Organización Publicitaria S.A. LA PRENSA

Tania Corona
Redacción La Prensa


Las frías estadísticas reflejan el porqué de la violencia y el bajo nivel cultural en la ciudad: hay más de 2,000 negocios donde venden licor contra unas 300 escuelas. “La venta de alcohol es un negocio lucrativo, pero infortunadamente existen más expendios que escuelas en la ciudad”, admitió el jefe del Juzgado Municipal, Álvaro Aguilar.El 70 por ciento de los negocios donde venden licor están ubicados en la zona sureste, en los barrios Medina, Concepción, Montefresco, Sunseri, Cabañas y Tepeaca y algunos en pleno centro de la ciudad, donde según datos de la policía se registran los hechos más violentos. Estos antros están registrados en el departamento de Control de Ingreso de la municipalidad como lugares donde se venden bebidas embriagantes y tienen el permiso correspondiente.Aunque en la realidad el número de negocios donde se consumen bebidas alcohólicas es mucho más de 2,000, lo que indica que cientos funcionan clandestinamente. Hay 600 merenderos que se amparan en la venta de comida pero realmente son bares. Ilegal Según el Plan de Arbitrios, los estancos deben operar a 100 metros de distancia de las escuelas, iglesias y centros de salud.Pero en la segunda avenida, tercera calle del barrio Medina hay dos expendios, La Amistad y El Tecolote cerca de una iglesia y la escuela República de Cuba está ubicada en una zona peligrosa donde deambulan los alcohólicos.En la primera calle, tercera avenida del barrio Medina existe un merendero que está junto a una institución educacional y en la sexta calle del centro de salud operan tres bares.En la aldea El Ocotillo hay sólo tres escuelas y operan unos seis estancos ubicados en casas particulares y no tienen permiso por parte de la municipalidad, el policía asignado al sector expresó que a los menores les son vendidas bebidas embriagantes.Oscar Mejía, director de la Departamental de Educación, dice que si se aplicara la ley y las cantinas se construyeran a unos 100 metros de distancia de los centros educativos y hubiera un verdadero control, el número de bares fuera menos.Multas El juez de Policía explicó que existe una serie de restricciones. Ya que estos negocios deben estar debidamente registrados sino son considerados clandestinos, no deben de vender alcohol a menores de edad y deben de cerrar a la hora estipulada por la ordenanza municipal.Según cifras para está temporada de fin de año se espera un consumo de 700 millones de cervezas.

Ex marero pide a los padres de familia ver a sus hijos como un don especial

DIARIO TIEMPO


EL PROGRESO. “El miedo que sentía me llevó a querer suicidarme con una sobredosis de droga. Cuando desperté supe que debía buscar a Dios. Salí y encontré una Iglesia donde oraron por mí y me cambiaron”, afirmó José Luis García, ex miembro de la mara Vatos Locos, del barrio Berlín de esta ciudad.
García participó en la presentación del libro “Maras y Pandillas en Centroamérica”, donde prestó testimonio de su vida en las calles.
Su peregrinar por el mundo de la mara comenzó a los 13 años, cuando la desintegración familiar lo llevó a unirse a un grupo de jóvenes, cuya única ocupación era consumir bebidas alcohólicas, fumar y andar en la calle.
Pronto se integró a los Vatos Locos, y pasó del cigarrillo a inhalar resistol, fumar marihuana y otras drogas, por lo que en varias ocasiones debió cometer delitos para financiar sus vicios.
“Ahora tengo 21 años, fueron 6 años que experimenté en las pandillas y sé que no hice lo correcto para mi vida, que fue tiempo perdido porque las maras a lo único que nos llevan es a la destrucción y a problemas con nuestra familia”, expresó.
El salto hacia atrás lo dio en 1999, cuando un drogadicto lo acusó de haberle robado una fuerte cantidad de estupefacientes. “El, con otra gente me andaban buscando para matarme. Yo estaba decepcionado, no quería saber nada, no podía salir de mi cuarto porque pensaba que me los iba a encontrar, así que pensé que lo más conveniente era que me matara”, relató el joven, de aspecto menudo y quien aún conserva sus tatuajes en la espalda.
Así decidió que tendría una muerte indolora: una noche inhaló resistol, fumó marihuana, tomó varias pastillas de diazepán y combinó otras drogas, esperando no volver a despertar.
“De tanta droga que me metí sufrí de intoxicación, pero cuando desperté comencé a reflexionar y al ver que no había muerto, me dije: si esto es así, voy a buscar las cosas de Dios. Me levanté una mañana, fui para la Iglesia Evangélica Pacto Bíblico de Santidad, el pastor y varios jóvenes oraron por mí y aquí estoy. Son ya tres años en los que no he vuelto a probar ni un cigarro”, aseveró.
Finalmente, pidió a los padres de familia ver a sus hijos como un don especial, “porque lo único que necesitan es que alguien tenga comunicación con ellos, que vele por ellos, que les dedique su tiempo y ese es trabajo para los papás”.

“Las drogas me hicieron tocar fondo”

social@laprensa.com.sv



Redacción de nacionales A ESCONDIDAS. Las horas libres o faltar a clases facilita el consumo de algún tipo de drogas entre los estudiantes adolescentes.
“En este país, es fácil encontrar droga. A la salida del colegio, con todo y uniforme, iba con mis compañeros a comprarla al barrio San Miguelito”, expresa Nicolás, de 17 años, alumno de un colegio ubicado en la colonia La Rábida, al norte de San Salvador.
Sentado en una silla y encerrado por las cuatro paredes en la habitación de un centro de rehabilitación, el joven, de cuerpo delgado, piel trigueña y ojos opacos, cuenta su experiencia.
“En un principio, los vendedores desconfiaron de mí. Hasta me pegaron una vez, porque pensaron que me había mandado un policía, pero cuando me vieron con otros compañeros, me aceptaron como cliente”, expresa.
Nicolás apenas tenía 14 años cuando comenzó a fumar y a beber alcohol y cervezas, y no había cumplido los 15 cuando conoció la marihuana.
Desde ese momento, los estudios pasaron a segundo plano.
Sus compañeras se encargaban de hacerle las tareas y hasta de hacerle los exámenes. El joven nunca aplazó grado. “Todo ese año fue de andar jodiendo. De no entrar a clases”, agrega.
Beber a tempranas horas para paliar la resaca y las gotas para disminuir la irritación de los ojos se volvieron una estrategia.

El Callejón

“¡Aquí hay de la buena!, ¡aquí hay de la buena!”, se escuchaba cada vez que el estudiante de octavo grado se adentraba a la comunidad Tutunichapa IV, contigua al mercado San Miguelito.
“Cada toque de marihuana me lo vendían a cinco colones y cada piedra de crack a 10”, comenta.
Los parques y las casas de sus amigos eran lugares perfectos para consumirla.
“El dinero no me faltaba. Aunque mi papá nos haya dejado antes de que yo naciera, mi mamá ha trabajado para darnos de comer a mi hermana mayor y a mí”, añadió el adolescente.
Sin embargo, el comportamiento violento es algo que Nicolás no pudo manejar.
Así han pasado dos años. Con el dinero que su madre enviaba desde el extranjero, Nicolás mantuvo su propio vicio y el de otro drogadicto. Pero el dinero fue escaseando y la ansiedad por el crack iba aumentando. Las joyas de su hermana y otros artículos de la casa comenzaron a desaparecer uno a uno.
El joven se fue de casa. “Nunca imaginé que conocería el frío, que dormiría en la calle, que me sentiría solo. Las drogas me hicieron tocar fondo”, dice Nicolás, mientras trata de borrar de su memoria esa cruda experiencia.

ESCLAVITUD SEXUAL DE NIÑAS

EL HERALDO.HN


EL HERALDO inicia hoy y hasta el viernes una serie especial sobre la explotación sexual de niñas y niños en el, país para mostrar los vejámenes, las angustias y los oprobios que sufren como parte de un submundo de redes organizadas y donde la mano del Estado es literalmente nula.

"Quiero que vengan por mí"; "tengo miedo por mi vida"; estoy aquí porque mi padrastro me maltrataba". Son gritos de angustia de niñas, de adolescentes hondureñas, que a diario libran la guerra de la explotación y esclavitud sexual en calles, mercados, bares, clubes nocturnos y sitios clandestinos de las principales ciudades del país.
Si bien no hay un dato exacto, la verdad es que se estiman en miles las menores de 18 años que son sometidas a la peor forma de explotación: la esclavitud sexual. Sus voces casi apagadas por el hambre y el dolor, no logran penetrar la conciencia de la sociedad hondureña, ni mucho menos de las autoridades del país.
En la capital están en las calles, en grupos, harapientas, despeinadas, coro ropa apretada enseñando el ombligo, con faldas cortas o pantalones apretados y con su mente extraviada con ansias de conseguir unos cuantos lempiras. Atienden los llamados de hombres que pasan en carros o se ofrecen al caminante.
Ellas ya conocen los hospedajes de mala muerte, donde un cuartucho, lúgubre, con una cama vetusta y gastada sirve para que el macho sacie su instinto y ella reciba como pago 50 lempiras en la mejor de la suerte o golpes o insultos en el peor de los casas.
No están allí porque quieren. No. Mil veces no. Muchas de ellas están porque su hermano, su padre o padrastro las agredió sexualmente. Porque su madre las abandonó. Porque se metieron en una "mara" y ahora el líder de la pandilla las obliga a prostituirse. Porque no hay autoridad que busque su rescate.

"Nadie va a preguntar por vos", fue la única respuesta que recibió una niña, luego de ser ultrajada y golpeada en las cañeras en la costa norte, por un cliente explotador que estuvo a punto de quitarle la vida.

¿CUÁNTAS SON?

¿Cuántas menores se han lanzado a la calle para sobrevivir a través de una de las peores y más crueles formas de explotación? En realidad nadie precisa un dato, pero el incremento de menores ejerciendo la prostitución es notorio.
En Guatemala una investigación identificó que son diez mil, en Honduras las cifras pudieran andar por las mismas o ser menores. En toda la región centroamericana hay 100,000 niñas y niños en la calle y la mayoría termina en la prostitución.
EL HERALDO logró constatar cómo los sitios en la ciudad capital han proliferado, y el número de niñas ejerciendo la prostitución se incrementa cada vez más. En San Pedro Sula, la problemática es más visible. En la capital, muchas llevan varios años sobreviviendo en las calles más lúgubres y peligrosas tanto de Tegucigalpa y Comayaguela, en mercados, donde son víctimas de rufianes, de intermediarios, que se aprovechan de su vulnerabilidad para hacer negocio.

LAS REDES

Un estudio titulado "Explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes en Honduras", coordinado por Mirtha Kennedy del Centro de Estudios de la Mujer (CEM-H), apoyado por otra investigación de Casa Alianza sitúa a Honduras como el país de la región que más expulsa menores para ejercer la prostitución en otras naciones del área, aunque a veces, las redes las conducen a lugares lejanos como Japón, Estados Unidos y Europa.
Se ha determinado que en Tapachula, México, hay unas 300 hondureñas ejerciendo el comercio sexual En Nicaragua, las niñas hondureñas son captadas para ser llevadas a barcos de pesca que están en el Golfo de Fonseca para el comercio sexual.
En El Salvador se encontró que niñas hondureñas están del otro lado de la frontera "circulando en la carretera Panamericana, que las levantan los camioneros, los traileros incluso en la frontera con Guatemala hay niñas que dicen ser guatemaltecas, pero en realidad son hondureñas", cita Kennedy.
Esto nos está hablando de un movimiento de esta población joven en un territorio que trasciende lo nacional. El problema tiene dimensiones transnacionalizadas y está muy vinculado con este movimiento de la mercancía. Por la crueldad y el sometimiento de las menores la explotación sexual comercial de menores, es considerada una forma contemporánea de esclavitud.

UN MUNDO DE DROGAS

Las redes de la explotación sexual están articuladas al crimen organizado nacional e internacional y a complejos circuitos económicos vinculados al turismo, los servicios de recreación, hotelería, comercio; actividades productivas que generan otras formas de explotación infantil, así como actividades ilícitas de tráfico de drogas.
Las niñas y niños explotados son el último eslabón de uña cadena muy lucrativa; "son uña mercan da que se vende en este comercio, del cual no se benefician en nada". En los sitios de Prostitución, surgen como hongos los negocios que sacan la "mejor tajada", los hoteles y cuartuchos de mala muerte, que sobreviven del comercio sexual.
Está vinculado al contexto socioeconómico, a las limitaciones de los derechos socioeconómicas de los jóvenes, como ser el desempleo. Lo mismo que a la violencia, maltrato y a la desintegración familiar, sostiene por su lado, Gustavo Zelaya, asesor legal de Casa Alianza.
Hasta ahora no hay alternativas concretas, las leyes son muy débiles y no se castiga a los explotadores. Los organismos que velan por la niñez, esperan que voces como la de Elena de 16 años, que clamó por ayuda al decir "tengo miedo por mi vida", sean escuchadas a tiempo, porque ella perdió su vida de forma violenta el año anterior.

DATOS ESCALOFRÍANTES

El ingreso de los menores al mundo de la explotación sexual se produce en casos a muy temprana edad. En su estudio el CEM-H encontró incluso niñas de hasta siete años. Los hallazgos reflejan que en uno de cada diez casos, el ingreso de las menores a la prostitución se produjo antes de cumplir los doce años; y en uno de cada cinco, entre los doce y trece años. Para el 54.7 por ciento, la edad de ingreso fue entre los 14 y 15 años.
"Es un problema gravísimo, que no sólo podemos justificarla con la pobreza sino que tiene muchas implicaciones culturales, ellas han sido invisibilizadas", sostiene Mirtha. De alguna manera hemos sido cómplices en la medida que hemos permitido que esto suceda. Estas niñas que se encuentran en extrema vulnerabilidad porque sus condiciones de vida son como que estuvieran en guerra permanente.

El nuevo poder que emerge en Centroamérica




Séptimo Día
C O N T E N I D O R E L A C I O N A D O
ULISES RODRIGUEZ / EFE
LOS PANDILLEROS suman decenas de miles. En la foto, un miembro de la Mara Salvatrucha de San Salvador. En Honduras, el gobierno titubea frente al diálogo con los delincuentes.

NUEVO HERALD
GERARDO REYES
TEGUCIGALPA





Un guardián toca un violín destemplado frente al muro colorido de Isla Tres, el pabellón de la Penitenciaría Nacional de Honduras en el que sobreviven 264 prisioneros de la temida pandilla Salvatrucha.
Las notas desafinadas del instrumento son asordinadas por la algarabía de dos gansos que también están presos en una pequeña granja de la cárcel, junto a tres gallos de pelea y un cerdo enorme.
Y al popurrí de sonidos se le suma el bum-bum de una interminable canción de rap que alienta a los internos mientras enjuagan con jabón, al aire libre, los rostros de amigos muertos y de amores perdidos que llevan tatuados en su piel.
En esta cima soleada del valle de Amarateca, a 18 kilómetros de la capital, todo parece tranquilo. No es así.
Entre los mareros que juegan fútbol y lavan sus jeans de marca, entre los que están recostados a las paredes pensativos y los que almuerzan de pie pollo asado -- las mareros no comen con los presos comunes porque temen que los envenenen -- hay un sentimiento de indignación porque el gobierno de Honduras no ha respondido a su petición de un diálogo.
''No vamos a insistir más, ya dimos señales de que queremos una nueva oportunidad'', explicó Juan Carlos, uno de los coordinadores de los pandilleros presos.
Juan Carlos, de 23 años, fue arrestado hace un año por asociación ilícita, el delito más común entre los pandilleros. Cuando tenía libertad, trabajaba como pintor de ataúdes modelos ''bachiller y presidencial'' en la colonia de Las Mercedes, de Tegucigalpa, según explicó. Ahora espera que la justicia concrete los cargos en su contra.
Los gobiernos generalmente no se sientan a hablar con pandilleros. Sin embargo, los mareros en este país saben que tienen fuerza suficiente para lograrlo. Son un problema de Estado. Asesinatos, atracos, secuestros express, sicariato y otros delitos urbanos, son atribuidos a las pandilleros pocos minutos después de cometerse.
De una postura que rechazaba cualquier posibilidad de diálogo mantenida por el saliente presidente Ricardo Maduro durante su administración, el nuevo gobierno del presidente Manuel Zelaya ha abierto los canales de comunicación con las maras.
''El ministro de Seguridad ha estado anuente a esa propuesta [de las maras]'', dijo el general Walter López Reyes, coordinador del Observatorio Hondureño sobre Drogas.
Además de la zanahoria del diálogo, para el cual han sido designados un obispo católico panameño y un pastor evangelista cubano, el gobierno de Zelaya ha mostrado también el garrote: se propone aumentar la policía con 1,000 soldados que han sido dados de baja del ejército.
Las cifras de pandilleros en el país parecen más de un movimiento insurgente que de una fastidiosa horda barrial. De acuerdo con los expertos, en Honduras hay 35,000 pandilleros. La policía sostiene que son 100,000.
En lo que la realidad no permite discusiones es que se trata de un fenómeno que se larva en la pobreza. Las maras son una especie de milicia urbana vestida de Nike que se ha trepado en los cerros miserables de Centroamérica para ofrecer a sus adeptos, a la vuelta de la esquina, la solución a problemas de alimentación, vestuario, haraganería y autodefensa.
''Somos una familia'', repite uno de los pandilleros presos una y otra vez. ``Uno para todos y todos para uno. Aquí no hay jefes''.
A diferencia de la guerrilla que inflamó esta región inspirándose en figuras como Sandino, El Che y Fidel Castro, los pandilleros siguen a ciegas los mensajes y las señales de los vídeos de Fifty Cent y Snoop Dogg y otros grupos raperos estadounidenses, a quienes vieron en las pantallas de inquilinatos paupérrimos de Los Angeles.
A esa ciudad y a Nueva York fueron a parar cuando las guerras civiles de los años 80 en Centroamérica obligó a sus padres a abandonar el país. Algunos de los jóvenes murieron en las confrontaciones sangrientas de las clicas (subpandillas) de la Mara 18 y la Salvatrucha. Otros se quedaron en Estados Unidos. Y muchos, como los habitantes de la Isla Tres, regresaron con sus héroes grabados en la piel y en la cabeza un código implacable de fidelidad con sus vatos (amigos) hasta la muerte.
''Las necesidades de los pandilleros son las mismas de todos los hondureños'', afirmó Itsmania Pineda Platero, una mujer que ha seguido la vida de las maras durante 15 años. ``En cada país, en cada sociedad, necesidad de pertenecer, de no ser excluidos, de tener trabajo, estudiar, de poder circular con libertad en un mundo hoy con fronteras virtuales marcadas por la miseria''.
Gracias a su paso por ''los estados'', así llaman a Estados Unidos, casi todos hablan inglés callejero.
No obstante, su lenguaje verbal se limita a frases cortas y certeras. El resto del mensaje se lo dejan a la mímica clandestina de la mara.
Enmarcado en citas bíblicas, el mural interno de Isla Tres resume lo que parece reflejar la actitud de los pandilleros presos: ''Pedimos perdón a todo el pueblo hondureño'', dice la leyenda.
La influencia religiosa es producto de las continuas visitas de pastores evangélicos a la prisión.
Según los voceros de Isla Tres, las maras quieren hablar de justicia y perdón. La ley antimaras que aprobó el gobierno pasado mandó a prisión a unos 3,000 supuestos líderes de las bandas Salvatrucha y 18. Algunos de ellos afrontan penas hasta de 30 años y multas de $50,000.
''Yo no soy delincuente por el mero hecho de tener mi cuerpo tatuado, porque yo hago con mi cuerpo lo que quiero, éste es un país libre'', dijo Jean Carlo, uno de los líderes de la mara que insistió en que la única prueba que tiene la justicia en contra de muchos de sus compañeros son los tatuajes.
Pero los autoridades sostienen que un buen número de los detenidos arrastra un largo historial de asesinatos, robos y agresiones.
También creen que, desde la cárcel, se coordinan varias acciones delictivas que ocurren en la calle.
Esa hipótesis podría explicar la presencia de los gansos justo a la entrada de Isla Tres.
''¿Por qué están allí?'', preguntó El Nuevo Herald.
Uno de los pandilleros sonríe socarronamente y dice que son ``aves muy lindas''.
El sabe que los gansos hacen un gran estruendo por las noches si alguien se acerca al reino secreto de la mara, un reino con celulares, armas y drogas.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Maras y pandillas se mutan en nuevos semilleros del crimen


latribuna.hn
Lunes 01 Septiembre 2008

** Autoridades tras la pista de Emos, Parcheros, Rockeros, Revolocos, Mamey, Skay y Punky** Esos grupos se han infiltrado en las barras de equipos de fútbol por descuido de los líderes** También operan en los colegios, de donde se nutren de miembros
La cultura de los Emos está atrapando poco a poco a jóvenes hondureños.
TEGUCIGALPA.- Autoridades de la Dirección General de Investigación Criminal (DGIC), siguen la pista a organizaciones de jóvenes que están incurriendo en actos vandálicos y criminales, porque los consideran semilleros del crimen organizado o formas de mutación de maras y pandillas.
El gobierno de Ricardo Maduro entre los años 2002-2006, dentro de sus políticas de cero tolerancia contra la delincuencia, implementó el artículo 332 del Código Penal para combatir maras y pandillas.

Autoridades de la DGIC aseguran que con la aplicación del artículo 332 están por neutralizar a la “Pandilla 18”, ya que son pocos los miembros que todavía se encuentran en libertad y que no han sido enjuiciados.
“Estamos viendo que últimamente ha aumentado el surgimiento de grupos o asociaciones ilícitas, que son mutaciones de maras y pandillas tradicionales MS y 18”, expresó el oficial de la Policía Comunitaria, Elías Gómez.
Estos grupos han sido influenciados de alguna manera por la Mara Salvatrucha o la Pandilla 18, para incurrir en acciones delincuenciales, señaló el oficial.
“Andamos en los centros educativos capacitando a los niños y jóvenes, hemos recopilado bastante información sobre estos grupos y los hemos relacionado con maras y pandillas por la forma de cómo operan”.
“Hemos detectado las características de estos grupos que se dicen ser grupos de apoyo a equipos de fútbol similares con las de maras y pandillas, porque ahora ellos pintan grafitis en las paredes o las manchan con figuras, se tatúan la piel, han creado su propia forma de hablar y de vestir”.

El símbolo de la anarquía es utilizado por grupos denominados Revolocos considerado por las autoridades como una conducta disocial.
Estos grupos no se limitan a apoyar simplemente a los equipos deportivos, sino que se están involucrando en delitos como la extorsión, daños y el robo, porque cuando su equipo juega se reúnen en diferentes puntos de la ciudad y llegan caminando al Estadio Nacional. En el trayecto atropellan o asaltan a las personas o transeúntes que no les dan dinero que piden para poder participar.

Se han registrado muchos actos violentos, incluso contra la actividad física y vida de las personas. Es una gran preocupación que existe dentro de los centros educativos por las diferentes agrupaciones que han surgido al interior de la población estudiantil y los conflictos que se han dado entre ellos y que a veces se les hace muy difícil controlarlos y orientarlos, porque ya los han agredido, reconoció el policía.

Así están los jóvenes integrantes de grupos denominados Emos (Emotivos), Los Parcheros, Rockeros, Revolocos, Mamey, Skay y los Punky, que están reclutando a niños y adolescentes. Se encuentran presentes en casi todos los centros educativos públicos y privados.

Dos de cada diez estudiantes se identifican con los Emos, una cultura importada de México y los Estados Unidos, que es derivación de los rockeros y la cultura gótica.

Otros simpatizan o integran los Mamey, Los Parcheros u Okay. La gran mayoría se inclina por las barras de fútbol, a las que se han infiltrado debido a la mala organización y poca vigilancia de los líderes de los adultos de buenos modales que integran esas organizaciones.

Estos grupos están delinquiendo y ya se han reportado muertos. Por ejemplo, en la colonia Zapote Norte, en Comayagüela, murió un “revoloco” a manos de contrincantes, según dijeron fuentes policiales.

Los Revolocos han señalizado sus centros de operación en diferentes barrios y colonias y esto ha generado peleas al extremo que ya han sufrido bajas frente a otros grupos.
En los centros escolares y de segunda enseñanza, casi a diario se reportan asaltos entre los mismos estudiantes, pero en realidad los actos criminales son cometidos por miembros de estos grupos que operan con una estructura parecida a las maras y pandillas, porque sus divisiones son denominadas peñas o trincheras.

Sus distintivos, lenguaje gótico o grafitos, se encuentran plasmados en las paredes de colegios y escuelas. Los alumnos de los Institutos Jesús Milla Selva y Técnico Honduras de la colonia Kennedy son víctimas de los ataques de estas asociaciones que están siendo analizadas por la DGIC para ser calificadas como organizaciones ilícitas.

Están robando celulares, mochilas y carteras, a estudiantes de los colegios antes mencionados. Similar situación ocurre en otros centros educativos de la capital, aunque esta subcultura se encuentra regada en casi todo el país.

SEMILLEROS DEL CRIMEN


DGIC sospecha que esas agrupaciones son semilleros del crimen organizado o las maras que están involucrados en el tráfico de drogas.

¿Cómo se les distinguen?

-Se dividen en peñas y trincheras-Reclutan en canchitas-Usan el símbolo de la Anarquía-Gustan de la carita de “Jack”-Algunos visten de negro ropa ajustadaDe acuerdo a oficiales de la Unidad de Investigación de Maras y Pandillas, estas agrupaciones son asociaciones ilícitas.

“Podemos hablar por ejemplo en el caso de las megabarras del fútbol que tienen una subdivisión bastante similar a la de maras y pandillas, han tomado la misma línea y al parecer han creado una especie de mutación, ahora no parecen barras que apoyan al fútbol sino que grupos de asociación ilícita”, aseguró un agente.

“Esta información se ha recopilado gracias a la preocupación de la Secretaría de Seguridad, porque se han hecho filmaciones y seguimientos, hemos remitido a algunas personas a la Fiscalía por casos de delitos, desgraciadamente ya se han dado sucesos en los cuales ya han perdido la vida algunas personas, esto nos indica que estos jóvenes ya están cobrando vidas y lo están haciendo no porque la víctima es de un equipo contrario, sino porque se están vinculando en tráfico de drogas, asaltos y otros delitos”.

Nuevas agrupaciones ilícitas

Las autoridades han identificado a ocho grupos de jóvenes que están imitando a las maras y pandillas al pintar con grafitis o figuras en las paredes de los centros educativos.
Rockeros: Son aficionados a la música rock con mensajes satánicos o negativos, visten de negro y andan el pelo revuelto.
Los Emos: Visten de negro, andan con el pelo revuelto se cubren el ojo derecho, usan pulseras color rosado o esclavas con figuras de calaveras y otros mensajes negativos, porque son introvertidos. Gustan portar el número 21 y la carita de “Jack”.
Skay: Andan en patinetas y son extrovertidos.
Revolocos: Se les distingue porque les gusta vestir la camisa con la imagen del “Che” Guevara y el símbolo de la Anarquía.
Los Parcheros: Andan con vestiduras viejas y andrajosas, no les gusta asearse.
Los Punky: Pelo revuelto y estirado, vestimenta color negro restringida como la usan los mamey. (Fuente Xibalba, Prevención del Crimen y Drogas).
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